Borders In the Head: Comparing Mexican and Berlin Wall

Representaciones de las fronteras: el Muro de México y el Muro de Berlín | Grenzen im Kopf: Die mexikanische und die Berliner Mauer


Si se quiere entender los conflictos políticos contemporáneos sobre las fronteras y los muros desde la enseñanza de la historia en ambientes formales e informales, es imperativo comprender qué sucedió. Por ejemplo, habría que tener en cuenta el rol de los aspectos tanto individuales como colectivos. Sin embargo, al mismo tiempo, es esencial considerar dónde sucedieron.

Los territorios en los conflictos históricos

Esta observación se debe a que este “dónde” refiere a un territorio específico que está en disputa. Por lo general, el uso del término “territorio” no se suele significar simplemente una parte específica del mundo con determinadas características. Más bien, denota algo bastante más complejo. Por ejemplo, “territorio” puede señalar las formas de organización política de una región y las batallas políticas y militares que se dieron por ese territorio en particular.

En otras palabras, el foco en los territorios también debería poner en relieve los desarrollos históricos inherentes a las disputas por las distintas partes del mundo sostenidas por diversos grupos sociales. Este enfoque nos interesa porque si la enseñanza de la historia descuidara las connotaciones diversas del término “territorio”, los estudiantes y los ciudadanos tendrían la impresión errónea de que los territorios actuales y sus unidades políticas han permanecido inmutables en el transcurso del tiempo. Por lo general, los cambios se tienen en cuenta en la enseñanza, aunque los libros de texto no siempre lo muestran. Por ejemplo, Sebastián Pla ha considerado en este blog cómo los EEUU invadieron México y conquistaron una parte sustancial de su territorio hacia mediados del siglo XIX y cómo esto ha influido en la historia de ambos países desde aquel momento.

El Muro de Trump: Un conflicto territorial

Es bien sabido que el Presidente Donald Trump está intentando cumplir con uno de sus objetivos más controvertidos de su campaña presidencial, la construcción de un muro de cinco mil kilómetros de longitud que abarcaría toda la frontera con México. Esta decisión también implica la intención de que México costee su construcción. La motivación que subyace a este propósito es defender al territorio estadounidense de los inmigrantes ilegales mexicanos y evitar su ingreso a los EEUU.

El anuncio de este proyecto estuvo seguido por una descripción marcadamente xenófoba y negativa del ciudadano mexicano a quien se describió como un criminal violento y peligroso. Junto con esto, se presentó la decisión controvertida de evitar que los refugiados de diferentes países ingresen a EEUU. La mayoría de estas acciones fueron rechazadas por una gran parte del sector público tales como la comunidad académica, las organizaciones no gubernamentales y políticas de todo el mundo. No obstante, a decir verdad, Donald Trump resultó electo Presidente de los EEUU por aproximadamente cincuenta millones de personas. Por lo tanto, puede argumentarse que la mayoría de los votantes de Trump consideraron estas ideas no solo como posibles sino también como deseables.

A modo personal, pienso que, en este caso, estamos frente a una entidad representativa con dimensiones históricas y sociales de un origen histórico innegable. Con este concepto, queremos denotar tanto su origen histórico en sí mismo como su origen histórico imaginado por un sector del público. Esto implica que ese muro intenta convertirse en un muro físico (una pared en sí misma) que reemplaza al imaginado y simbólico. En otras palabras, las fronteras nacionales no son sólo barreras físicas entre países. Por lo general, existe un acuerdo in situ entre las naciones que reconoce la existencia de una línea imaginaria que separa dos o más países, sin que sea necesariamente física. En la mayoría de los casos, la línea no existe en realidad. Por ejemplo, en una ciudad de EEUU, la frontera es una sección de una biblioteca que incluye tanto a una parte de Canadá como de los EEUU.[2]

De hecho, no hay muros en el mundo separando naciones, excepto en casos muy específicos y también controvertidos en exceso como ocurre en Israel. Mientras que los pasos fronterizos donde se controlan los pasaportes y otros documentos representan una entidad física, la mayoría de los países que los utilizan no intentan vigilar toda la frontera. Aquí subyace una de las posibles áreas de confusión entre quienes votaron a Donald Trump en cuanto a sus expectativas. Este tema pareciera acentuarse por la incapacidad de separar las dimensiones simbólicas y físicas de la frontera.

La necesidad de literacy histórica

Es importante señalar que las iniciativas previas de construir muros a lo largo de las fronteras han sido criticadas firmemente tanto por los políticos estadounidenses como por los líderes mundiales democráticos. Probablemente, el caso más famoso es el Muro de Berlín que no sólo simbolizó la partición de Alemania sino también la división del mundo en dos bloques – el bloque comunista y el sector capitalista. Como el muro fue construido por los comunistas, se lo consideró un acto dictatorial que implementó una concepción literal del concepto de frontera. Es en extremo paradójico que el Presidente Trump abogue por una propuesta similar.

¿Qué tienen en común los motivos de Trump con los de la otrora Alemania Oriental y las autoridades soviéticas? Como es difícil responder a esta pregunta, sería razonable aplicar un enfoque tentativo. El Muro de Berlín se construyó para evitar que los ciudadanos alemanes se escaparan de la República Democrática Alemana a la República Federal de Alemania. En cambio, el muro de Trump intenta prevenir que los ciudadanos mexicanos y de otros países latinoamericanos ingresen a EEUU. Por ende, los dos muros son de naturaleza netamente opuesta a pesar de que las concepciones sobre la frontera sean idénticas. Es decir, en ambos casos existe un sustrato común, al menos, en el enfoque teórico. En primer lugar, con ambos muros se intenta originalmente transformar una frontera nacional en una entidad tangible y física en lugar de una frontera simbólica. En segundo lugar, con ambos se intenta prevenir que las personas circulen con libertad entre las fronteras de las naciones. Este segundo enfoque se asemeja bastante a la idea de criminalizar al inmigrante que solo elije vivir en un país extranjero.

Las fronteras: tres temas

En última instancia, pareciera que tanto la administración de Trump como las de sus partidarios demuestran carecer de literacy histórica en forma notaria, por lo menos, en los siguientes tres temas.

Primero, las fronteras actuales son la consecuencia de acciones militares y políticas que tuvieron lugar en la historia. Segundo, no poseen un significado esencial, es decir, no son inmutables ni para siempre. Por el contrario, denotan entidades simbólicas que significan que se establecieron según las convenciones y negociaciones establecidas entre las sociedades y los gobiernos. Tercero, es por ende fútil transformarlas en entidades con restricciones físicas. En resumen, desde la perspectiva de la educación cívica, podría aportarse un último tema, la porosidad de las fronteras alude a los derechos humanos que no deberían ser violados porque representan la posibilidad de una vida mejor para otros seres humanos.

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Bibliografía

  • Crampton, Jeremy W. “Maps as social constructions: power, communication and visualization.” Progress in Human Geography 25/2 (2001): 235–252.
  • Herzog, Tamar.”Historical Rights to Land: How Latin American States Made the Past Normative and What Happened to History and Historical Education as a Result.” In Palgrave Handbook of Research in Historical Culture and Education, edited by Mario Carretero, Stefan Berger, and Maria Grever, 91–108. New York: Palgrave, 2017.
  • Kamusella, Tomasz. “School History Atlases an Instruments of Nation-State Making And Maintenance: A Remark on the Invisibility of Ideology in Popular Education.” Journal of Educational Media, Memory, and Society 2/1 (2010): 113–138.

Vínculos externos

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[1] Sebastián Plá, “History Education in Times of Trump,” Public History Weekly 5 (2017) 15, DOI: dx.doi.org/10.1515/phw-2017-9124 (último acceso 6 June 2017).
[2] Sarah Yahm, “The U.S.-Canada Border Runs Through This Tiny Library,” Atlas Obscura, July 7, 2016, http://www.atlasobscura.com/articles/the-us-canada-border-runs-through-this-tiny-library (último acceso 6 June 2017).

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Créditos de imagen

Seyemon © Slavery Monument, Zanzibar (via flickr)

Citar como

Carretero, Mario: Representaciones de las fronteras: el Muro de México y el Muro de Berlín. In: Public History Weekly 5 (2017) 23, DOI: dx.doi.org/10.1515/phw-2017-9457.

Responsabilidad Editorial

Marko Demantowsky (sólo para la versión en español)

In order to understand previous and contemporary political conflicts about borders and walls through history education in both formal and informal environments, it is imperative to comprehend what has happened. For example, the role of both individual and collective aspects should be taken into account. However, it is equally essential to consider where a certain event has happened.

Territories in Historical Conflicts

This is due to the fact that this “where” usually refers to a specific territory which is under dispute. Naturally, when the term “territory” is used, one does not simply mean a specific part of the world with certain features. Rather, the term denotes something much more complex. For example, “territory” may signify how that territory was politically organized and how political and military battles were carried out for that particular territory.

In other words, the focus on territories should also highlight historical developments which are related to the disputes of different social groups around different parts of the world. This focus is of interest because if history education were to neglect the diverse connotations of the term “territory”, students and citizens might gain the wrongful impression that present territories and their political units have not changed across time. Such changes are usually pointed out by historical maps. Unfortunately however, such maps have failed to attract much attention from researchers in history education, albeit certain textbooks have provided a few exceptions. For example, Sebastián Pla has considered in this blog journal how the United States invaded Mexico and conquered a substantial part of its territory by the middle of the nineteenth century, thereby influencing the history of the two countries since then.[1]

Trump’s Wall: A Territorial Conflict

It is well known that President Donald Trump is trying to accomplish one of the most controversial goals announced in his presidential campaign, namely the construction of a wall measuring five thousand kilometers in length which would cover the entire border with Mexico. This decision also includes the intention to make Mexico pay for the costs of constructing the wall. The motivation for such a goal is to defend the North American territory from illegal Mexican immigrants by preventing them from entering the United States.

The announcement of this project was accompanied not only by decidedly negative and xenophobic depictions of Mexican citizens as dangerous and violent criminals, but also by the highly controversial decision to prevent refugees from several countries to arrive in the United States. Most of these actions have been rejected by a considerable section of the public such as the academic community, non-governmental organizations, and politicians from around the world. Nonetheless, the truth is that Donald Trump has been elected President of the United States by approximately fifty million people. Therefore, it could be concluded that the majority of people who voted for Trump regarded these ideas and decisions to be not only feasible, but even desirable.

Personally, I believe that we are dealing in this case with a representational entity which contains both social and historical dimensions of an undeniably historical origin. By this term, we mean both its historical origin as such as well as its historical origin as imagined by a section of the public. This is to say that this wall is attempting to become a physical border (a wall itself) replacing the symbolic and imaginary one. In other words, national borders are not merely physical barriers between countries. Usually, there is an agreement in place among nations which recognizes the existence of an imaginary line separating two or more countries, without this line necessarily being physical. In most cases, the line has no real existence. For example, there is a city in North America where the border constitutes a section of a library which includes both an American part and a Canadian part.[2]

In fact, there are no walls which separate nations from around the world, except for some specific and also highly controversial cases such as in Israel. Whilst border checkpoints, where passports and other documents are checked, represent a physical entity, most of the countries employing them do not attempt to carry out such checks alongside the entire border. Here lies, therefore, one of the possible areas of confusion amongst those who voted for Donald Trump with regards to their expectations. I believe that this is underlined by the inability to separate the physical and symbolic dimensions of the border.

Lack of Historical Literacy

It is also important to note that previous initiatives of building walls along borders have been strongly criticized by American politicians as well as by democratic world leaders. The most famous case is probably that of the Berlin Wall, which was a symbol not only of the division of Germany but also the division of the world in two blocks—the communist sector and the capitalist sector. As the wall was built by the communists, this was regarded as a dictatorial act which implemented a literal conception of a political border. It is extremely paradoxical that President Trump is now championing a similar proposal.

What do Trump’s motives have in common with those of the former East German and Soviet authorities? Whilst it is difficult to answer such a question, it would be reasonable to apply a tentative approach. The Berlin Wall was built to prevent German citizens from escaping from the German Democratic Republic to the Federal Republic of Germany. Trump’s wall, however, professes to prevent Mexican and other Latin American citizens from entering the United States. Therefore, the two walls are of a wholly opposite nature even though they are identical in terms of their conceptions about borders. This is to say that both cases share common ground in at least two theoretical approaches. Firstly, both walls were originally intended to transform the national border into a physical and tangible entity rather than a symbolic one. Secondly, they both intended to prevent people from freely moving between the nations’ borders. This second approach closely resembles the idea of criminalizing immigrants who merely chose to live in a foreign country.

Borders, 3 Facts

Ultimately, it appears that both Trump’s administration and its supporters are displaying a notorious lack of historical literacy with regards to at least three facts.

Firstly, the present borders are the consequence of both political and military actions across history. Secondly, they do not possess an essential meaning. This is to say that they are neither everlasting nor immutable. On the contrary, they denote symbolic entities which mean that they have been established on the basis of conventions and negotiations amongst societies and governments. Thirdly, it is therefore futile to transform them into entities with physical constraints. In conclusion, a last point could be also provided from the perspective of civic education, this is to say that the porosity of borders alludes to human rights which should not be violated as they represent possibilities of a better life for other human beings.

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Further Reading

  • Crampton, Jeremy W. “Maps as social constructions: power, communication and visualization.” Progress in Human Geography 25/2 (2001): 235–252.
  • Herzog, Tamar.”Historical Rights to Land: How Latin American States Made the Past Normative and What Happened to History and Historical Education as a Result.” In Palgrave Handbook of Research in Historical Culture and Education, edited by Mario Carretero, Stefan Berger, and Maria Grever, 91–108. New York: Palgrave, 2017.
  • Kamusella, Tomasz. “School History Atlases an Instruments of Nation-State Making And Maintenance: A Remark on the Invisibility of Ideology in Popular Education.” Journal of Educational Media, Memory, and Society 2/1 (2010): 113–138.

Web Resources

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[1] Sebastián Plá, “History Education in Times of Trump,” Public History Weekly 5 (2017) 15, DOI: dx.doi.org/10.1515/phw-2017-9124 (last accessed 6 June 2017).
[2] Sarah Yahm, “The U.S.-Canada Border Runs Through This Tiny Library,” Atlas Obscura, July 7, 2016, http://www.atlasobscura.com/articles/the-us-canada-border-runs-through-this-tiny-library (last accessed 6 June 2017).

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Image Credits

Mains au ciel, Berlin wall © Jeanne Menjoulet (2016), via Flickr.

Recommended Citation

Carretero, Mario: Borders In the Head: Comparing Mexican Wall and Berlin Wall. In: Public History Weekly 5 (2017) 23, DOI: dx.doi.org/10.1515/phw-2017-9457.

Editorial Responsibility

Judith Breitfuß / Thomas Hellmuth

Um vergangene und aktuelle politische Konflikte mit Hilfe von Geschichte, sei es durch den Geschichtsunterricht oder durch die allgemeine Beschäftigung mit Geschichte, besser verstehen zu können, ist es unumgänglich, sich mit der Frage Was ist passiert? auseinanderzusetzen und individuelle und kollektive Aspekte dabei zu berücksichtigen. Es ist jedoch gleichermaßen relevant, auch die Frage Wo ist ein gewisses Ereignis passiert? in die Diskussion miteinzubeziehen.

Territorien in historischen Konflikten

Dies lässt sich darauf zurückführen, dass sich das Wo normalerweise auf ein spezifisches und umstrittenes Territorium bezieht. Für gewöhnlich umfasst der Begriff “Territorium” nicht nur einen speziellen Teil der Welt mit besonderen Merkmalen, sondern etwas viel Komplexeres. Unter “Territorium” kann man beispielsweise verstehen, wie ein gewisses Gebiet politisch organisiert und wie um dieses bestimmte Territorium politisch und militärisch gekämpft wurde.

In anderen Worten: Wenn man sich mit Territorien beschäftigt, müssen auch die historischen Entwicklungen, die mit den Konflikten verschiedener sozialer Gruppierungen in verschiedenen Teilen der Welt verbunden sind, miteinbezogen werden. Dieser Schwerpunkt ist von besonderem Interesse: Denn wenn der Geschichtsunterricht die unterschiedlichen Konnotationen des Begriffs “Territorium” vernachlässigen würde, bekämen SchülerInnen und BürgerInnen fälschlicherweise den Eindruck, dass sich Gebiete und deren politische Einheiten im Laufe der Zeit nicht verändert haben. Solche Veränderungen werden normalerweise in historischen Weltkarten angezeigt. Leider finden diese Karten aber wenig Anklang bei GeschichtslehrerInnen, obwohl Schulbücher mit diesen arbeiten. Sebastián Pla hat sich beispielsweise in diesem BlogJournal damit auseinandergesetzt, wie die Vereinigten Staaten in Mexiko einfielen und bis zur Mitte des neunzehnten Jahrhunderts einen wesentlichen Teil Mexikos eroberten, was die Geschichte der beiden Länder seit damals maßgeblich beeinflusst.[1]

Trumps Mauer: ein territorialer Konflikt

Es ist bekannt, dass Präsident Donald Trump eines der umstrittensten Ziele, die er während seiner Präsidentschaftskampagne angekündigt hatte, umsetzen möchte – den Bau einer fünftausend Kilometer langen Mauer entlang der gesamten Grenze zu Mexiko. Zudem will er Mexiko für die Kosten des Mauerbaus aufkommen zu lassen. Ziel dieses Projekts ist es, das nordamerikanische Territorium vor illegalen mexikanischen ImmigrantInnen zu schützen, indem ihnen die Einreise in die Vereinigten Staaten verweigert wird. Die Bekanntgabe dieses Projekts wurde von einer höchst negativen und xenophoben Darstellung der mexikanischen BürgerInnen als gefährliche und gewalttätige Kriminelle und von der höchst umstrittenen Entscheidung, Flüchtlingen aus zahlreichen Ländern die Einreise in die Vereinigten Staaten zu untersagen, begleitet. Ein Teil der Öffentlichkeit, etwa AkademikerInnen, NGOs und PolitikerInnen aus aller Welt, lehnten die meisten dieser Aktionen ab.

Dennoch muss betont werden, dass Donald Trump von circa fünfzig Millionen Menschen zum Präsidenten der Vereinigten Staaten gewählt wurde. Daraus lässt sich schließen, dass die Mehrheit der Trump-WählerInnen diese Ideen und Entscheidungen nicht nur als durchführbar, sondern auch als erstrebenswert erachten.

Ich persönlich bin der Überzeugung, dass es sich in diesem Fall um eine historisch gewachsene Situation handelt, in der sowohl soziale als auch historische Dimensionen eine wichtige Rolle spielen. Wichtig ist dabei, dass die historische Entwicklung an sich und auch die Vorstellungen in der Bevölkerung, die sich historisch entwickelt haben, beachtet werden. Es wird versucht, mit dieser Mauer eine tatsächliche physische Grenze zu errichten und damit die schon lang existierende symbolische und gedachte Grenze zu ersetzen. Anders gesagt: Staatsgrenzen sind nicht ausschließlich physisch. Für gewöhnlich besteht eine Übereinkunft zwischen den Nationen, welche die Existenz einer imaginären, zwei oder mehr Länder teilenden Grenzlinie anerkennt, ohne dass diese Grenzlinie physisch existiert. In einer nordamerikanischen Stadt bildet beispielsweise eine Bibliothek einen Teil der Grenze, wobei eine Hälfte zu den Vereinigten Staaten und die andere zu Kanada gehört.[2]

Eigentlich gibt es keine Mauern, welche die Nationen der Welt trennen, mit Ausnahme einiger spezifischer und gleichzeitig höchst kontroverser Fälle wie zum Beispiel in Israel. Während Grenzkontrollstellen, an denen Reisepässe und weitere Dokumente überprüft werden, physische Grenzen darstellen, wird in den meisten dieser Länder, in denen solche Grenzkontrollen durchgeführt werden, nicht entlang der gesamten Grenze kontrolliert. Das könnte ein möglicher Grund für die Verwirrung unter Trump-WählerInnen und deren Erwartungen sein. Ich glaube, dass die Aussichtslosigkeit, die physischen und symbolischen Dimensionen der Grenze zu trennen, dabei eine wichtige Rolle spielt.

Ein Mangel an historischer Bildung

Es ist ebenfalls wichtig anzumerken, dass vergangene Initiativen, Mauern entlang von Grenzen zu bauen, von US-amerikanischen und demokratischen PolitikerInnen aus aller Welt stark kritisiert wurden. Das wohl bekannteste Beispiel ist wahrscheinlich jenes der Berliner Mauer, die nicht nur als Symbol der Teilung Deutschlands, sondern auch der Teilung der Welt in zwei Bereiche – in den kommunistischen und den kapitalistischen Bereich – galt. Da die Mauer von Kommunisten erbaut wurde, verstand man das als diktatorische Handlung, die eine wortwörtliche Verwirklichung einer politischen Grenze zur Folge hatte. Es ist daher äußerst paradox, dass Präsident Trump nun ein Verfechter eines ähnlichen Vorschlags ist.

Was haben Trumps Motive und jene des ehemaligen Ostdeutschlands sowie der Sowjetunion gemeinsam? Da diese Frage schwierig zu beantworten ist, scheint es ratsam, einen vorsichtigen Erklärungsansatz zu entwickeln. Die Berliner Mauer wurde erbaut, um deutsche BürgerInnen an der Flucht aus der Deutschen Demokratischen Republik nach Westdeutschland zu hindern. Trumps Mauer zielt hingegen auf die Unterbindung der Einreise von MexikanerInnen und weiteren lateinamerikanischen BürgerInnen in die Vereinigten Staaten ab. Aus diesem Grund sind die zwei Mauern vollkommen unterschiedlich, obwohl ihre Vorstellungen von Grenzen identisch sind. In beiden Fällen treffen mindestens zwei theoretische Ansätze zu. Einerseits beabsichtigen die Mauern, die symbolische Grenze in eine physische und materielle Grenze umzuwandeln. Andererseits wollen sie die Menschen davon abhalten, sich zwischen den Staaten frei zu bewegen. Dieser zweite Ansatz ähnelt stark dem Versuch, ImmigrantInnen als Kriminelle zu bezeichnen, nur weil sie sich entschließen, in einem fremden Land leben zu wollen.

Grenzen, 3 Fakten

Letztendlich scheinen sowohl Trumps Regierung als auch seine UnterstützerInnen einen notorischen Mangel an historischer Bildung hinsichtlich mindestens dreier Tatsachen aufzuweisen:

Erstens sind die aktuellen Grenzen auf vergangene politische und militärische Ereignisse zurückzuführen. Zweitens haben sie keine essenzielle Bedeutung, was heißt, dass sie weder immerwährend noch unveränderbar sind. Im Gegenteil, sie beziehen sich auf symbolische Einheiten, welche auf Basis von Abkommen und Verhandlungen zwischen Gesellschaften und Regierungen entstanden sind. Drittens ist es deshalb sinnlos, solche symbolische Grenzen in physische umzuwandeln. Zum Schluss, und um einen letzten Punkt aus der Perspektive der politischen Bildung hinzuzufügen, sei erwähnt, dass die Durchlässigkeit von Grenzen auch das Thema der Menschenrechte berührt. Diese dürfen nicht verletzt werden, zumal sie ein besseres Leben für Menschen ermöglichen.

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Literaturhinweise

  • Jeremy W. Crampton: Maps as social constructions. Power, communication and visualization. In: Progress in Human Geography 25 (2001), H.2, S. 235–252.
  • Tamar Herzog: Historical Rights to Land. How Latin American States Made the Past Normative and What Happened to History and Historical Education as a Result. In: Mario Carretero/Stefan Berger/Maria Grever (Hrsg.): Palgrave Handbook of Research in Historical Culture and Education. New York 2017, S. 91–108.
  • Tomasz Kamusella: School History Atlases an Instruments of Nation-State Making And Maintenance. A Remark on the Invisibility of Ideology in Popular Education. In: Journal of Educational Media, Memory, and Society, 2 (2010), H.1, S. 113–138.

Webressourcen

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[1] Sebastián Plá: History Education in Times of Trump. In: Public History Weekly 5 (2017) 15, DOI: dx.doi.org/10.1515/phw-2017-9124 (letzter Zugriff: 06.06.2017).
[2] Sarah Yahm: The U.S.-Canada Border Runs Through This Tiny Library. In: Atlas Obscura vom 7. Juli 2016, http://www.atlasobscura.com/articles/the-us-canada-border-runs-through-this-tiny-library (letzter Zugriff: 06.06.2017).

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Abbildungsnachweis

Mains au ciel, Berlin wall © Jeanne Menjoulet (2016), via Flickr.

Empfohlene Zitierweise

Carretero, Mario: Grenzen im Kopf: Die mexikanische Mauer und die Berliner Mauer. In: Public History Weekly 5 (2017) 23, DOI: dx.doi.org/10.1515/phw-2017-9457.

Translated by Stefanie Svacina and Paul Jones (paul.stefanie@outlook.at)

Redaktionelle Verantwortung

Judith Breitfuß / Thomas Hellmuth

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Categories: 5 (2017) 23
DOI: dx.doi.org/10.1515/phw-2017-9457

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  1. This article offers interesting insights on relevant issues that shape current troubled times, but that have also been in the middle of sociohistorical debates over time.

    What causes that some borders stay imaginary and others burst through the symbolic and become hard reality? Can we understand bounderies, and other historical concepts, beyond the concept of Nation? The discussion on controversial issues such as this, appears as an excellent chance to promote reflection on the present world grounded in historical roots, as well as to promote critical historical thinking among society.

    The article has important potencial as it also push to ask ourselves on another issues, regarding the debates on history and civic education: Can we teach about borders without immersing ourselves in ideology disputes? Can we remain “historical”? or do we stay making finger-pointing in teaching historical controversies?; as teachers, should we have to disclose our positioning or “remain neutral?

    That is said given that, on the one hand, in contrast to the reference to the “conquest” of the US on Mexican soil in the nineteenth century, the historical relations between these two countries is more complex than a perpetrator-subjugated storyline (the case of Texas is exemplary).

    On the other, in the teaching and understanding of history, there appears more variables beyond historiography, such as the emotions, morality and ideological responses this topic provokes in people. At the end, the reflection that is presented here it is a good start to answer those questions.

    • The article points out an interesting question on national borders. Although from a historical point of view these borders are dynamic and changing in nature, people usually think of them as fixed, natural divisions between countries. It is worth noticing how for most people these borders are taken for granted. That is why when President Trump stated that “a nation without a border is not a nation,” he found a common-sense way of legitimizing the building of a national wall. Since national borders are undisputed, the building of a wall is just a way of replacing the symbolic one by a physical one, as Mario Carretero pointed out.

      Therefore, this article is a good starting point for questioning different issues regarding how borders and territories are understood. No doubt that historical analyses have something to say regarding territories and borders. As pointed out by Carretero, historical maps should gain more attention in historical understanding, since they help us to understand the dynamic and constructed nature of borders and nations. However, it is important to consider that in both informal and formal settings history is used to reinforce the essentialist nature of borders. As pointed out by Carretero, developing historical literacy is a key way to better understand concepts such as nation, borders or territory.

  2. This article is intended to invite us to reflect on a dialogue between current developments within the fields of cartography history and history education. Specifically, a critical and historical look at the maps used to teach past national events may encourage students to understand maps as cultural tools (Wertsch, 1998).

    In a previous work (Parellada, 2016) it was shown that historical maps illustrated in some textbooks from Chile and Argentina present an essentialist conception of the national territory. Even in textbooks from the same editorial, the narratives are different and show the neighbouring country as aggressor and invader of territories, and the maps used to illustrate such narratives reproduce the territory in dispute as belonging to one country or the other in the same year.

    The critical analysis of these issues in the classroom will contribute in two ways: On the one hand, it could allow for the development of second order thinking strategies and to approach critically to concepts of border, territory. And, on the other hand, it will generate the conditions to understand maps as historical, social and political constructions (Lois, 2014) and not as mirrors of reality.

    In sum, this reflection encourages students to have a critical thinking on how historical maps can helpcitizens to acquire a historical perspective on the representation of the territory and not essentialist and naturalized representations of the territorial demarcation of a nation state.

    References
    – Lois, C. (2014). Mapas para la Nación. Episodios en la Historia de la Cartografía Argentina [Maps for the Nation. Episodes in the History of Argentine Cartography]. Buenos Aires: Biblos.
    – Wertsch, J. (1998). Mind as action. Oxford, UK: Oxford University Press. [Ed. Cast.: (1998). La mente en acción. Buenos Aires: Aique.]

  3. For a German version, please, scroll down.

    In his publication “Borders in the Head: Comparing Mexican and Berlin Wall”, Mario Carretero compares Trump’s idea to build a wall at the border to Mexico with the Berlin Wall. While the reasons for building or wishing to build those walls differ–one was built to prevent citizens form leaving the country, the other is intended to prevent Latin-Americans to enter the country–“They are identical in terms of their conceptions about borders.” Both walls attempt to change symbolic borders into real ones in order to stop people from moving from one place or country to another. Borders are imagined constructions in our head rather than actual physical margins–(with the exception of Israel’s border), as the author explains. Furthermore, borders are an agreement between two or several states. Although there are passport controls at some points, many places along the borders are unguarded. Therefore, a border is a thought up, imagined line.

    Carretero stresses that not only the question “What?” but also the “Where?” is significant in relation to the history of borders. In this context, the author analyses the term ‘territory’. A ‘territory’ has a historical background and is thus open to change and not static. Carretero explains that there is a “lack of historical literacy.” Although, Carretero successfully elaborates all important aspects in this field, he leaves the “lack of historical literacy” to further definition. I–therefore–argue that it is not the question of historical education as such but rather how history is thought.

    The awareness of history consists of various components. As emphasized by Carretero, not only the awareness of time, but also an awareness of territory is crucial to it. The “What?” and “Where?” are, hence, on equal terms. Furthermore, the following definition of history emphasizes the importance of the two aspects; people’s action in time and space. Gautschi explains in his book “Geschichte lehren” that most students–doing a task where they have to arrange pictures–organise them into a timeline. Only few arrange them in a different way, for example according to location. This implies that even though time and space are equally important, the average student considers time first. This underlines possible difficulties concerning territory and walls. Imagine the Berlin Wall without its space; it would only be a wall with no meaning. It is scarcely possible to talk about the Berlin Wall without mentioning its space, especially because the location is already part of its name. In this context the question is rather about the precision of space. The better that is, the better is the joined-up thinking. It is, thus, crucial to support the awareness of space in history lessons. According to Cristian Parelladas comment already implies this. A different narrative can result in a different perspective on space (invader and aggressor).

    Therefore, not only teaching the awareness of space is important but also the narrative. This thought can be linked to Gautschi’s text “How Should The History of One’s Own Country Be Taught?” also published on Public History Weekly. Surely the national master narrative presents the space of country differently than alternative narratives. I argue that a nation is dependent on space and needs, therefore, a clearly defined territory. Such a master narrative can easily include fixed ideas such as Trumps idea of “negative and xenophobic depictions of Mexican citizens”. A master narrative thinks of a population as a static entity that cannot (and should not) be changed instead of the flexible and open for change body it is. Hence, it is important to challenge master narratives and rethink them from a different angle. However, as Gautschi points out:

    “Despite many substantial studies and convincing theoretical contributions […] we still do not have enough insight into what happens exactly when the history of one’s own country is taught in the classroom and what effects these events have on the persons involved and on society. It is thus time to do more intensive research in this field – particularly also in view of the rise of nationalism in Europe and the rest of the world.”

    To conclude my comment, Carretero makes an important point. Only thirty years ago the Berlin Wall was torn down, but today we speak of building new walls again. Carretero has raised interesting points, such as the questions about the territory and “Where?” something has happened. His statement about the lack of historical literacy has to be further defined. In my opinion, it is rather about the quality than the quantity of the education that people receive. However, where those 50 Million people who voted for Trump and with him for a wall at the border to Mexico came up with their ideas and narratives cannot be answered without further research.

    Bibliography
    – Carretero, Mario, Borders In the Head: Comparing Mexican and Berlin Wall, in: Public History Weekly, 15.06.2017.
    – Gautschi, Peter, Geschichte lehren. Lernwege und Lernsituationen für Jugendliche, Buchs und Bern, 2005.
    – Gautschi, Peter, How Should The History of One’s Own Country Be Taught?, in Public History Weekly, 06.04.2017.
    – Parellada, Cristian, Comment on: Mario Carretero, Borders In the Head: Comparing Mexican and Berlin Wall, in: Public History Weekly, 15.06.2017.
    – Schneider, Gerhard, Personalisierung/Personifizierung, in: Michele Barrichelli, Martin Lücke, Handbuch. Praxis des Geschichtsunterrichts. Band 1, S. 302-315.

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    Mario Carretero vergleicht in seiner Publikation “Borders in the Head: Comparing Mexican and Berlin Wall” Trumps Idee eine Mauer an der Grenze zu Mexiko zu bauen mit der Berliner Mauer. Die Gründe für die Mauern sind nicht gleich. Jedoch sind “ihre Vorstellungen von Grenzen identisch”.

    Es ist ein Ansatz, symbolische Grenzen in physische umzuwandeln und somit Menschen daran zu hindern, sich frei zwischen Staaten zu bewegen. Der Autor erklärt, dass Grenzen wohl eher Konstrukte in unseren Köpfen als tatsächliche Mauern (mit der Ausnahme Israels) seien. Grenzen seien eine Art Übereinkunft zwischen zwei oder mehreren Staaten. Obwohl es Passkontrollen gibt an verschiedenen Stellen, wird eine Grenze selten ganz überwacht. Somit sei eine Grenze eine symbolische, gedachte Trennlinie.

    Carretero unterstreicht, dass nicht nur die Frage “Was?” uns in Bezug auf die Geschichte beschäftigen sollte, sondern auch “Wo?”. Weiter analysiert der Autor den Begriff ‘Territorium’. Ein ‘Territorium’ hat auch immer eine historische Entwicklung und ist dementsprechend veränderbar und nicht statisch. Carretero erklärt, dass “ein Mangel an historischer Bildung” vorhanden sei. Obwohl Carreteros Publikation sehr treffend die wichtigsten Aspekte des Themas diskutiert, stellt sich doch die Frage, was genau mit einem “Mangel an historischer Bildung” gemeint ist. Ich würde argumentieren, dass mit Mangel nicht unbedingt die Anzahl Geschichtslektionen, sondern die Art und Weise wie unterrichtet wurde, ausschlaggebend sind.

    Zu einem ausgebildeten Geschichtsbewusstsein gehören verschieden Arten von Bewusstsein. Daher spielt nicht nur das Temporalbewusstsein (Zeit), sondern auch das Raumbewusstsein, was von Carretero so auch erklärt wird (Was und Wo), eine wichtige Rolle. Zudem kann Geschichte definiert werden, als das menschliche Handeln in Raum und Zeit. Deshalb kann das ‘Was’ und ‘Wo’, wie dies von Carretero gesagt wird, als gleichberechtigt angeschaut werden.

    Gautschi erklärt in seinem Buch über das Geschichtsbewusstsein “Geschichte lehren”, dass die meisten SchülerInnen bei der Aufforderung Bilder zu ordnen, diese in eine meist in eine zeitliche Abfolge bringen. Es gibt aber auch einzelne, die diese Bilder anders ordnen zum Beispiel nach Räumen. Daraus kann geschlossen werden, dass die Mehrheit der SchülerInnen bei Geschichte als erstes an Zeit denkt und nicht an Raum, obwohl dieser ebenso wichtig ist. Dies unterstreicht die Problematik des Territoriums und des Mauerbaus. Denn auch wenn man weiss, wann die Berliner Mauer gebaut wurde, wäre die Mauer ohne Berlin nur eine Mauer im Nichts. Es ist gar nicht möglich, die Geschichte der Berliner Mauer zu erzählen, ohne zu benennen, wo diese war. Und umso genauer der Raum definiert werden kann, umso besser kann das Denken auch vernetzt werden. Es ist also nötig, dass im Geschichtsunterricht das Raumbewusstsein gefördert wird. Aber auch dies kann auf verschiedene Arten gemacht werden. Wie von Cristian Parellada angesprochen, kann ein anderes Narrativ auch eine andere Sichtweise des Raumes bringen (aggressor und invadors).

    Daher spielt vor allem auch das Narrativ im Geschichtsunterricht eine grosse Rolle und nicht nur, wie das Raumbewusstsein geschult wird. Hier kann ein Link zu Gautschis Text “How Should The History of One’s Own Country Be Taught?“, der auch auf Public History Weekly erschienen ist, gemacht werden. Das nationale Masternarrativ beurteilt die Frage des Raumes sicher anders als sogenannte Gegennarrative, die Alternativen zur traditionellen nationalen Geschichte bieten. Ich würde argumentieren, dass eine Nation stark raumabhängig ist und deshalb auch eine Abgrenzung und eine klare Definition ihres Territoriums braucht. Des Weiteren kann in ein solches Narrativ, etwas überspitzt gesagt, auch “die xenophobe Darstellung der mexikanischen BürgerInnen”, wie Trump diese beschreibt, eingefügt werden. Aber auch hier, ähnlich wie mit dem Territorium, geht das Narrativ von einer statischen Bevölkerung aus, die sich nicht verändert (verändert werden darf). Die Bevölkerung ist jedoch nicht statisch und demzufolge muss ein Narrativ auch immer wieder kritisch beurteilt werden, damit solche Fehleinschätzungen dekonstruiert werden können. In diesem Zusammenhang muss aber noch erwähnt werden, dass

    “trotz vieler gehaltvollen Studien und überzeugender Theoriebeiträge […wir] noch zu wenig [wissen], was genau bei der Vermittlung der Geschichte des eigenen Landes im Unterricht geschieht und welche Auswirkungen dieses Geschehen auf die Beteiligten und die Gesellschaft hat. Zeit also, dies noch intensiver zu erforschen – gerade auch angesichts des zunehmenden Nationalismus in Europa und der Welt.”

    Abschliessend kann gesagt werden, dass Carretero mit seinem Vergleich zwischen Mexiko und der Berliner Mauer, durchaus einen Nerv getroffen hat. Vor knapp 30 Jahren wurde die Zerstörung der Berliner Mauer gefeiert. Heute wird zu häufig über den Bau neuer Mauern diskutiert. Die Definition von Territorium sollte durchaus genauer angeschaut und reflektiert werden. Auch die Frage nach dem Wo? sollte dringend eingehend diskutiert werden. Die Aussage, dass ein Mangel an historischer Bildung vorherrsche, kann nicht durch das Band weg bestätigt werden und muss unbedingt, wie dies auch Gautschi erwähnt hat, näher erforscht werden. Denn wie oben erklärt, ist es nicht unbedingt die Frage nach der Quantität, sondern der Qualität. Diese muss aber zwangsläufig noch genauer analysiert werden. Wie Carretero erklärt, haben 50 Millionen Menschen für Trump und damit für einen Mauerbau gestimmt. Ob diese Menschen den historischen Hintergründen des Territoriums oder aber einem oder mehreren differenzierten Narrativen begegnet sind, oder woher ihr Narrativ stammt, dass eine solche Tat bestärken könnte, wäre Gegenstand einer weiteren Untersuchung.

    Bibliografie
    – Carretero, Mario, Borders In the Head: Comparing Mexican and Berlin Wall, in: Public History Weekly, 15.06.2017.
    – Gautschi, Peter, Geschichte lehren. Lernwege und Lernsituationen für Jugendliche, Buchs und Bern, 2005.
    – Gautschi, Peter, How Should The History of One’s Own Country Be Taught?, in Public History Weekly, 06.04.2017.
    – Parellada, Cristian, Comment on: Mario Carretero, Borders In the Head: Comparing Mexican and Berlin Wall, in: Public History Weekly, 15.06.2017.
    – Schneider, Gerhard, Personalisierung/Personifizierung, in: Michele Barrichelli, Martin Lücke, Handbuch. Praxis des Geschichtsunterrichts. Band 1, S. 302-315.

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