Resistance to the National Narrative in Uruguay

Las resistencias de la narrativa nacional en Uruguay | Widerstand gegen die Nationalgeschichte Uruguays

 

Abstract: On my recent trip to Uruguay, I discovered that their national historical narrative is much like its landscape, a continuum without abrupt changes. History has constructed the idea of the country as the most Europeanized, rational, and homogeneous country in Latin America. However, the demands of recent history, struggles for recognition, and new migrations are creating pressure to modify it. But the metanarrative is resistant.
DOI: dx.doi.org/10.1515/phw-2018-11775.
Languages: Español, English, Deutsch


En mi reciente viaje a Uruguay, descubrí que su narrativa histórica nacional es como su paisaje, un continuo sin cambios abruptos. La historia, construye la idea del país más europeizado, racional y homogéneo de Latinoamérica. Pero las exigencias de la historia reciente, las luchas por el reconocimiento y las nuevas migraciones, lo quieren modificar. Sin embargo, el metarrelato se resiste.

La Narrativa Nacional

El posmodernismo y el fin de los metarrelatos se asentó en Uruguay en pocos núcleos de alta cultura universitaria y psicoanalítica. En el resto de la población, el modernismo y su relato de progreso se vive fijo, ahistórico.
La gran narrativa inicia en el siglo XVII, en tierras despobladas de cristianos, cuando Hernadarias introdujo en la entonces llamada Banda Oriental, el ganado vacuno. Alrededor de la vaca, se configuró parte esencial de la “uruguayidad”. Tras el bovino, en la bisagra de los siglos XVIII y XIX, cabalgó el gaucho.[1]

La lucha por la independencia (1825) tuvo sus héroes, pero no es hasta el siglo XX que Artigas se consagró como el prócer nacional. En 1831, continúa narrando la historia, Uruguay, con la matanza de “Salsipuedes”, quedó “libre de indios”.[2] A partir de ahí, la república oriental vivió el siglo XIX en constantes guerras civiles entre colorados y blancos[3] para definir el proyecto de nación. Hoy se relatan las guerras como dialéctica necesaria para la creación histórica de un país democrático y racional.[4]

Dicha síntesis, se representa en José Batlle y Ordoñez, padre fundador de la socialdemocracia uruguaya. El batllismo es paz institucional. A continuación, la historia relata que a mediados del siglo XX, con los frigoríficos y la exportación de carne, Uruguay vivió una época dorada que les permitió asumirse como la “Suiza de América”. La paz fue interrumpida violentamente por la crisis económica de los años sesenta y la dictadura cívico-militar de 1973-1985. El siglo XXI, gracias a casi quince años de gobiernos del Frente Amplio, se vive como un renacimiento de la “etapa helvética”.

Dislocamientos, 1

Actualmente se cuestionan dos hitos de la narrativa nacional: la dictadura cívico-militar como interregno y el reconocimiento de los pueblos indígenas y de los afrodescendientes. Asimismo, se vislumbra un nuevo conflicto, las migraciones caribeñas actuales.

El último debate por la historia reciente fue en 2006. Con el ascenso de la izquierda al poder se puso en la palestra pública, gracias al historiador Carlos Demasi, la importancia de incluir la dictadura de 1973-1985 en la enseñanza de la historia, en ese entonces, en plena reforma curricular. El historiador abogaba por la recuperación de la memoria, frente a un país que escogió el olvido.[5] Demasi sostenía que la discusión de la historia reciente exigía modificar la noción histórica de excepcionalidad racional del Uruguay. El rechazo conservador fue virulento, criticando la dimensión política del argumento de Demasi, por lo que arguyó que el laicismo, elemento constitutivo del sistema educativo desde el siglo XIX, obligaba a la neutralidad política.[6] Al final la historia reciente se estableció en los programas de estudio, lo que no necesariamente implicó, a mi parecer, que se haya vencido al olvido. Los crímenes de lesa humanidad, siguen impunes.

Dislocamientos, 2

El segundo hito es el reconocimiento de las minorías. El programa de historia reconoce el genocidio charrúa y el papel de los afrodescendientes en la cultura uruguaya.[7] Pero la lucha por la reconstrucción narrativa del pasado no se limita a la escuela y nuevos estudios genéticos, que se ubican peligrosamente en el intersticio entre identidad y racismo,[8] han atacado el imaginario blanco y homogéneo. Asimismo, el movimiento charrúa del Consejo Nacional Charrúa (CONACHA) niega la idea de un pueblo sin indios y promueve la firma del Convenio 169 de la OIT sobre los derechos indígenas, dado que Uruguay es uno de los pocos países latinoamericanos que se han negado a signarlo, en clara permanencia de la historia lineal, homogénea, de progreso y civilización.

Dislocamientos, 3

Un tercer tema, potencialmente conflictivo en el futuro inmediato, es la migración actual. La narrativa nacional describe, con verdad, que Uruguay fue desde mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX un país de migrantes, sobre todo españoles e italianos, aunque también llegaron judíos huyendo de la Alemania nazi. En la segunda mitad del siglo pasado, la crisis económica y la dictadura invirtieron la situación y Uruguay comenzó a producir exiliados y emigrados. Actualmente, se vive un nuevo flujo migratorio, en el que venezolanos y cubanos, gracias a las facilidades legales que ofrece el país, llegan para trabajar. Dicho movimiento, amenaza la idea de un país europeizado, por lo que comienza a respirarse un leve tufo de xenofobia.

La Resistencia de la Narrativa Nacional

Quince años de gobiernos socialdemócratas han hecho de Uruguay un país de políticas públicas exitosas. Ha reducido la desigualdad, construyó instituciones democráticas estables, decretó leyes de reconocimiento a la diversidad y, en política de drogas, es vanguardia internacional. Sin embargo, su metarrelato nacional, como país racional, armónico y homogéneo todavía oculta olvido y racismo. No se ha hecho plena justicia por los crímenes de la pasada dictadura, ni los indígenas y los afrodescendientes son plenamente reconocidos. La “garra charrúa” sólo el pertenece a los jugadores de la selección nacional de fútbol. El metarrelato uruguayo, como su paisaje, se mantiene llano, continuo, inalterado.

Incluso, parece recuperar fuerza, como me comentaba un conocido, mientras compartíamos el mate y preparábamos el fuego para ese rito patriarcal que es el asado: “Está bien recibir migrantes, pero tenemos que tener cuidado,” advirtió convencido, “los pueblos sólo aguantan un cierto número de extranjeros. Pasada la cifra, vendrá un Trump uruguayo”.
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Bibliografía

  • Barrán, José Pedro. Historia de la sensibilidad en el Uruguay. Montevideo: Grupo Editor, 2001.
  • Rodríguez Weber, Javier. “El historiador, la historia y nosotros. Análisis de las concepciones sobre la historia presentes en el debate en torno a la enseñanza de la historia reciente.” Cuadernos CLAEH 100, (2012): 125–148.
  • Szilágy Chebi, María Elena. “Los charrúas en la memoria nacional del Uruguay.” Acta hispánica 20, (2015): 105–120.

Vínculos externos

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[1] El gaucho es un personaje histórico regional que abarca parte de Argentina, el sur de Brasil y Uruguay. Es constitutivo de la identidad uruguaya, en cuanto se heredó de él la relación con el ganado vacuno, el asado y el mate, aunque éste último proviene de la tradición indígena guaraní. En la conformación de la identidad nacional, el movimiento literario del criollismo, basado en la tradición gauchesca cobró fuerza en el siglo XIX y la primea mitad del siglo XX. En dicha tradición, la ascendencia criolla del gaucho era nodal, aunque ahora se acepta que había afrodescendientes e indígenas entre ellos. La enseñanza de la historia en el Plan Ceibal, un proyecto exitoso de reducción de la brecha digital, reconoce su carácter pluricultural del gaucho: www.rea.ceibal.edu.uy/El-gaucho-protagonista-de-la-campana-oriental (último acceso 17 marzo 2018).
[2] La matanza de Salsipuedes acaeció el 11 de abril de1831. Ahí se venció la resistencia charrúa al nuevo Estado-nación y se considera ícono del genocidio charrúa.
[3] Las partidos colorado y blanco dividieron al Uruguay desde su fundación. Los colorados representaban los intereses urbanos y liberales de fuerte tradición europeizante. Los blancos estaban vinculados al mundo rural, especialmente a los intereses terratenientes. La última guerra entre ellos culminó en 1904 con el triunfo de los colorados sobre la revolución de Aparicio Saravia y la consolidación en el poder de José Batlle y Ordoñez.
[4] Carlos Demasi, “Entre la rutina y la urgencia. La enseñanza de la dictadura en Uruguay,” in Educación y memoria. La escuela elabora el pasado, edited by Elizabeth Jelin and Federico Lorenz (Madrid/Buenos Aires, Siglo XXI de Argentina/Siglo XXI editores España, 2004) 131–162.
[5] Uruguay selló su política del olvido en 1989, cuando el resultado de un plebiscito prohibía juzgar los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura cívico-militar de 1973-1985.
[6] Federico Alvez Cavanna and Luis Fernando Cerri, “Enseñanza de historia reciente en Uruguay: pasado y laicidad en el juego de la identidad,” Archivos de Ciencias de la Educación (4a. época) 3, no. 3 (2009): 99-112. www.fuentesmemoria.fahce.unlp.edu.ar (último acceso 17 marzo 2018).
[7] La ley 19.122 de 2016 prescribe, en su artículo octavo, lo siguiente: “Se considera de interés general que los programas educativos y de formación docente, incorporen el legado de las comunidades afrodescendientes en la historia, su participación y aportes en la conformación de la nación, en sus diversas expresiones obliga a políticas de discriminación positiva culturales (arte, filosofía, religión, saberes, costumbres, tradiciones y valores) así como también sobre su pasado de esclavitud, trata y estigmatización, promoviendo la investigación nacional respectiva”. Disponible en: www.legislativo.parlamento.gub.uy (last accessed 18 March 2018).
[8] El genocidio de los charrúas y el papel de los afrodescendientes en la cultura uruguaya: www.findesemana.ladiaria.com.uy (último acceso 17 marzo 2018).

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Créditos de imagen

Cordúa en Salsipuedes (2006) © Anhelo Hernández, foto tomada por Sebastián Plá, 2018.

Citar Como

Plá, Sebastián: Las resistencias de la narrativa nacional en Uruguay. En: Public History Weekly 6 (2018) 15, DOI: dx.doi.org/10.1515/phw-2018-11775.

On my recent trip to Uruguay, I discovered that their national historical narrative is much like its landscape, a continuum without abrupt changes. History has constructed the idea of the country as the most Europeanized, rational, and homogeneous country in Latin America. However, the demands of recent history, struggles for recognition, and new migrations are creating pressure to modify it. But the metanarrative is resistant.

The National Narrative

Postmodernism and the end of metanarratives found a home in Uruguay at a small number of core sites in top university and psychoanalytic culture. In the rest of the population, modernism and its narrative of progress continues to be rigid and ahistorical.

The grand narrative began in the seventeenth century in the unpopulated lands of Christians, when Hernandarias introduced cattle in what was then known as the East Band. The essential part of “Uruguayan identity” emerged from the common living environment with the cow. The gaucho rode in at the end of the eighteenth and nineteenth century in pursuit of the cattle.[1]

The struggle for independence (1825) had its heroes, but it was not until the twentieth century that Artigas was consecrated as the nation’s independence icon. In 1831 Uruguay continued narrating history with the “Salsipuedes” massacre, which left it “free of Indians”.[2] From that time on, the eastern republic lived out the nineteenth century in constant civil wars between the Colorado and Blanco parties[3] to define the project of the nation. Today these internecine wars are described as the dialectic necessary for the historical creation of a democratic and rational country.[4]

This synthesis is embodied in José Batlle y Ordoñez, the founding father of Uruguay’s social democracy. Batllism represents institutional peace. Below, history tells that in the mid-twentieth century, with refrigerators and beef exports, Uruguay entered a golden age that enabled the nation to take on the role of “the Switzerland of the Americas”. However, this era of peace was violently curtailed by the economic crisis of the 1960s and the civic-military dictatorship of 1973 to 1985. The twenty-first century, thanks to almost fifty years of government under the Frente Amplio party, has been seen as a renaissance of the “Swiss period”.

Dislocations, 1

These days two landmarks in the nation’s narrative are being questioned: the civic-military dictatorship as an interregnum and the recognition of indigenous peoples and those of African descent. Likewise, a new conflict has emerged: today’s Caribbean migrations.

The latest debate over recent history was waged in 2006. With the rise of the left to power, the importance of including the dictatorship (1973–1985) in teaching history, which at that time was in the midst of a reform of the curriculum, was spotlighted in the public arena, thanks to historian Carlos Demasi. The historian advocated the recovery of memory, in the face of a country that chose oblivion.[5] Demasi maintained the discussion of recent history as a necessity to modify the historical notion of Uruguay’s exceptionally rational nature. The conservative rejection was vicious, criticizing the political dimension of Demasi’s argument; it argued that the separation of Church and State, a constituent element of the educational system since the nineteenth century, required political neutrality.[6] In the end, recent history was added to study programs, which did not necessarily imply, in my opinion, that the decision to forget has been overcome. The crimes against humanity remain unpunished.

Dislocations, 2

The second milestone is the recognition of minorities. The history syllabus acknowledged the Charrúa genocide and the role of people of African descent in Uruguay’s culture.[7] However, the struggle for the narrative reconstruction of the past is not limited to school. New genetic studies, which are dangerously positioned in the space between identity and racism,[8] have attacked the white, homogenous imaginary. At the same time, the Charrúa movement of the Consejo Nacional Charrúa (CONACHA; Charrúa National Council) denies the idea of a population lacking an indigenous component and calls for the signature of Convention No. 169 (Indigenous and Tribal People Convention) of the ILO (International Labour Organization) on indigenous rights, for Uruguay is one of the few Latin American countries that has refused to sign it, in a clear insistence on a vision of history, progress and civilization as linear and homogenous.

Dislocations, 3

A third potentially conflictive topic in the immediate future is immigration today. The national narrative truthfully describes Uruguay as a country of migrants from the mid-nineteenth to the mid-twentieth century, mainly Spaniards and Italians, although Jews fleeing Nazi Germany also arrived. In the second half of the past century, the economic crisis and dictatorship reversed the situation and Uruguay began to produce exiles and emigrants. Today the country is seeing a new flow of migration consisting of people from Venezuela and Cuba, who have come to work thanks to the legal facilities that Uruguay offers. This movement threatens the idea of a Europeanized country, which has begun to release a slight stench of xenophobia.

Resistance to the National Narrative

Fifteen years of Social Democrat governments have made Uruguay a country of successful public policies. It has reduced inequality, it has built stable democratic institutions, it has decreed laws recognizing diversity, and it stands at the forefront of drug policies internationally. However, its national metanarrative, as a rational, harmonious, homogenous country, still conceals oblivion and racism. Full justice has not been carried out for the crimes of the past dictatorship, nor have the indigenous population and those of African descent been fully recognized. The “Charrúa claw” only belongs to players from the national soccer team. The Uruguayan metanarrative, as its landscape, is kept flat, continuous, unaltered.

It even seems to recover strength, as an acquaintance told me, while we shared mate and prepared the fire for that patriarchal rite that is the barbecue: “It’s one thing to receive migrants, but we have to be careful,” he warned with conviction, “the people only tolerate a certain number of foreigners. When the number is passed, an Uruguayan Trump will appear.”

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Further Reading

  • Barrán, José Pedro. Historia de la sensibilidad en el Uruguay. Montevideo: Grupo Editor, 2001.
  • Rodríguez Weber, Javier. “El historiador, la historia y nosotros. Análisis de las concepciones sobre la historia presentes en el debate en torno a la enseñanza de la historia reciente.” Cuadernos CLAEH 100, (2012): 125–148.
  • Szilágy Chebi, María Elena. “Los charrúas en la memoria nacional del Uruguay.” Acta hispánica 20, (2015): 105–120.

Web Resources

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[1] The gaucho is a regional historical character found in Argentina, southern Brazil, and Uruguay. He is a constituent part of Uruguayan identity, in that he bequeathed ties to cattle, grilling meat, and mate tea, although the latter comes from Guaraní indigenous tradition. In the configuration of national identity, the literary movement of Criollismo, based on the gaucho tradition, gained strength in the nineteenth and first half of the twentieth century. In this tradition, the Creole ancestry of the gaucho was key, although it is now accepted that those of African descent and indigenous people were among their numbers. The teaching of history in the Ceibal Plan, a successful project to reduce the digital gap, recognizes the multicultural identity of the gaucho: www.rea.ceibal.edu.uy/El-gaucho-protagonista-de-la-campana-oriental (last accessed 18 March 2018).
[2] The Salsipuedes massacre occurred on April 11, 1831. There the Charrúa resistance was defeated by the new nation-state in an event considered iconic of Charrúa genocide.
[3] The Colorado and Blanco parties divided Uruguay since its inception. The Colorados represented liberal urban interests with a strong Europeanizing tradition, while the Blancos were linked to the rural world, especially to the interests of landowners. The last war between them culminated in 1904 with the triumph of the Colorados over the revolution of Aparicio Saravia and the consolidation of José Batlle y Ordoñez’s power.
[4] Carlos Demasi, “Entre la rutina y la urgencia. La enseñanza de la dictadura en Uruguay,” in Educación y memoria. La escuela elabora el pasado, edited by Elizabeth Jelin and Federico Lorenz (Madrid/Buenos Aires, Siglo XXI de Argentina/Siglo XXI editores España, 2004) 131–162.
[5] Uruguay sealed its policy of oblivion in 1989, when the result of a plebiscite prohibited judging the crimes against humanity committed during the civic-military dictatorship of 1973–1985.
[6] Federico Alvez Cavanna and Luis Fernando Cerri, “Enseñanza de historia reciente en Uruguay: pasado y laicidad en el juego de la identidad,” Archivos de Ciencias de la Educación (4a. época) 3, no. 3 (2009): 99-112. www.fuentesmemoria.fahce.unlp.edu.ar (last accessed 18 March 2018).
[7] Article eight of Law 19.122 of 2016 prescribed the following: “It is considered of general interest that the educational and teachers’ training programs incorporate the legacy of communities of African descent in history, their participation and contributions to the configuration of the nation, in its diverse expressions it requires positive cultural discrimination policies (art, philosophy, religion, knowledge, customs, traditions, and values), and also on their past under slavery, trafficking, and stigmatization, promoting the respective national inquiry [into the subject].” www.legislativo.parlamento.gub.uy (last accessed 18 March 2018).
[8] The Charrúa genocide and the role of people of African descent in Uruguay’s culture: www.findesemana.ladiaria.com.uy (last accessed 18 March 2018).

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Image Credits

Cordúa en Salsipuedes (2006) © Anhelo Hernández, Photo taken by Sebastián Plá, 2018.

Recommended Citation

Plá, Sebastián: Resistance to the National Narrative in Uruguay. In: Public History Weekly 6 (2018) 15, DOI: dx.doi.org/10.1515/phw-2018-11775.

Während meiner letzten Reise nach Uruguay habe ich beobachtet, dass die dortige Nationalgeschichte sehr der Landschaft ähnelt: harmonisch und ohne abrupte Umbrüche. Das Land gilt als das am stärksten europäisierte, aufgeklärte und homogene unter den südamerikanischen Staaten. Allerdings wird diese Vorstellung durch die jüngste Geschichte, den Kampf um Anerkennung und durch neue Immigrationswellen herausgefordert. Das Metanarrativ bleibt jedoch unverändert.

Die Nationalgeschichte

In Uruguay hat die Postmoderne und damit das Ende der Metanarrative in einigen wenigen Kerninstitutionen führender Universitäten und in der psychoanalytischen Kultur Einzug gehalten. In der breiten Bevölkerung jedoch ist die Moderne mit ihrer ahistorischen Erzählung vom Fortschritt fest verankert.

Das Metanarrativ setzt im 17. Jahrhundert in den von Christen unbevölkerten Teilen des Landes an, als Hernandarias das Rind im sogenannten Östlichen Ufer einführte. Rund um das Rind konstituierte sich der Kern der “uruguayischen Identität” und dem Rind folgend erschien gegen Ende des 18. und zu Beginn des 19. Jahrhunderts der Gaucho.[1] Der Unabhängigkeitskampf (1825) brachte einige Helden hervor, doch erst im 20. Jahrhundert wurde Artigas zur Ikone der nationalen Unabhängigkeit. 1831 erzählte Uruguay seine Geschichte weiter mit dem Salsipuedes Massaker, das es “von Indigenen befreite”.[2] Seitdem durchlebte die östliche Republik im 19. Jahrhundert einen andauernden Bürgerkrieg zwischen den “Colorados” und den “Blancos”,[3] der das Nationenprojekt entscheidend prägen sollte. Heute werden diese vernichtenden Bürgerkriege als notwendige Dialektik gewertet, um einen modernen, demokratischen Staat hervorzubringen.[4]

Diese Synthese verkörpert sich in José Batlle y Ordóñez, dem Gründungsvater der uruguayischen Sozialdemokratie. Batllismus bedeutete institutionalisierten Frieden. Unter ihm, so die Historiographie, brach für Uruguay Mitte des 20. Jahrhunderts mit Kühlschrank- und Rinderexporten ein goldenes Zeitalter an, das es zur “südamerikanischen Schweiz” aufsteigen ließ. Doch wurde dieser Frieden sowohl durch die Wirtschaftskrise der 1960er Jahre als auch die zivil-militärische Diktatur von 1973-1985 unterbrochen. Das 21. Jahrhundert sieht dank der beinahe fünfzigjährigen Regierungszeit des Frente-Amplio-Parteienbündnisses eine Renaissance der “Schweizer Periode”.

Verschiebungen, 1

Gegenwärtig werden zwei zentrale Ereignisse der Nationalgeschichte hinterfragt: die Bewertung der zivil-militärischen Diktatur als Interregnum und die Anerkennung der indigenen sowie der afrikanischstämmigen Bevölkerung. Außerdem ist mit der Immigration von den karibischen Inseln ein neuer Konfliktherd aufgebrochen.

Die jüngste Geschichtsdebatte wurde 2006 geführt. Mit dem Regierungsantritt der Linken machte der Historiker Carlos Demasi die Thematisierung der Diktatur von 1973 bis 1985 im Geschichtsunterricht, dessen Lehrplan zu der Zeit reformiert wurde, zum Gegenstand öffentlicher Diskussion. Der Historiker hatte sich in einem Land, das das Vergessen gewählt hatte, für das Erinnern stark gemacht.[5] Demasi unterstrich dabei, dass eine Debatte über die jüngste Vergangenheit notwendig sei, um das Verständnis Uruguays als das eines außergewöhnlich aufgeklärten Landes zu überdenken. Die Kritik der Konservativen an der politischen Dimension seiner Aussage war heftig. Sie argumentierten, dass die Trennung von Kirche und Staat, Fundament des Bildungssystems seit dem 19. Jahrhundert,  zu politischer Neutralität verpflichte.[6] Letztlich wurde die jüngste Vergangenheit in die Lehrpläne aufgenommen. Allerdings bedeutet dies meiner Ansicht nach nicht, dass die Entscheidung, diesen Teil der Vergangenheit dem Vergessen zu überlassen, revidiert wurde. Die Verbrechen gegen die Menschlichkeit aus der Zeit der Diktatur bleiben unbestraft.

Verschiebungen, 2

Der zweite Meilenstein war die Anerkennung von Minderheiten. Im Geschichtsunterricht werden der Völkermord an den Charrúa und die Rolle afrikanischstämmiger Menschen in der Kultur Uruguays thematisiert.[7] Allerdings beschränkt sich der Kampf um die Darstellung der Vergangenheit nicht auf Schule und Lehrplan. Neue genetische Forschungen, die sich auf einem gefährlich schmalen Grat zwischen Identitätsfragen und Rassismus bewegen,[8] haben die Vorstellung von einer homogenen, weißen Gesellschaft ins Wanken gebracht. Gleichzeitig bestreitet die Charrúa Bewegung des Consejo Nacional Charrúa (CONACHA; Nationaler Charrúa Rat), dass es Bevölkerungsteile ohne indigene Einflüsse gebe, und fordert, Uruguay möge die Konvention Nr. 169 über indigene und in Stämmen lebende Völker in unabhängigen Ländern der Internationalen Arbeitsorganisation (ILO) unterzeichnen. Uruguay ist eines der wenigen lateinamerikanischen Länder, welches sich mit Bezug auf eine lineare und homogene Vorstellung der Vergangenheit, die von Fortschritt und der Zivilisationsentwicklung geprägt ist, geweigert hat, diese Konvention zu unterzeichnen.

Verschiebungen, 3

Einen dritten potenziellen Konfliktherd stellt die gegenwärtige Immigration dar. Uruguay wird zu Recht als ein Einwanderungsland beschrieben, in das ab Mitte des 19. bis ins 20. Jahrhundert vor allem SpanierInnen und ItalienerInnen, aber auch JüdInnen auf der Flucht vor den NationalsozialistInnen kamen. Mit der Wirtschaftskrise und Militärdiktatur Mitte des vergangenen Jahrhunderts wendete sich das Blatt und ExilantInnen und EmigrantInnen verließen das Land. Gegenwärtig erlebt das Land aufgrund der rechtlichen Möglichkeiten eine neue Einwanderungswelle von ArbeitsmigrantInnen aus Venezuela und Kuba. Diese Entwicklung bedroht die Idee eines europäisierten Landes und löst erste xenophobe Äußerungen aus.

Widerstand gegen die Nationalgeschichte

Nach 15 Jahren an der Regierungsmacht haben die SozialdemokratInnen Uruguay in einen funktionierenden Sozialstaat verwandelt. Es wurden stabile demokratische Institutionen geschaffen, die soziale Ungleichheit reduziert, und Gesetze verabschiedet, die Vielfalt achten. Uruguay führt international in der Drogenbekämpfung. Die Nationalgeschichte, die es als ein aufgeklärtes, harmonisches und homogenes Land beschreibt, verdeckt jedoch nach wie vor das Vergessen und den Rassismus. Weder wurden die Verbrechen der Diktatur gesühnt, noch wurden die indigene und die afrikanischstämmige Bevölkerungsteile vollkommen akzeptiert. Die “Charrúa-Kralle” gehört allein den Fußballspielern der Nationalmannschaft. Das uruguayische Metanarrativ bleibt, wie seine Landschaft, konstant und unverändert. Es scheint sogar an Stärke zu gewinnen.

Während wir gemeinsam Mate tranken und die Kohle für das patriarchalische Ritual des Grillens vorbereiteten, warnte mich ein Bekannter: “Man kann MigrantInnen aufnehmen, aber wir müssen vorsichtig sein. Die Menschen tolerieren nur eine bestimmte Anzahl. Wenn diese überschritten wird, wird ein uruguayischer Trump die politische Bühne betreten.”

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Literaturhinweise

  • Barrán, José Pedro. Historia de la sensibilidad en el Uruguay. Montevideo: Grupo Editor, 2001.
  • Rodríguez Weber, Javier. “El historiador, la historia y nosotros. Análisis de las concepciones sobre la historia presentes en el debate en torno a la enseñanza de la historia reciente.” Cuadernos CLAEH 100, (2012): 125–148.
  • Szilágy Chebi, María Elena. “Los charrúas en la memoria nacional del Uruguay.” Acta hispánica 20, (2015): 105–120.

Webressourcen

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[1] Der Gaucho ist eine historische Figur, die in Argentinien, Südbrasilien und Uruguay angetroffen wird. Er ist ein fester Bestandteil der uruguayischen Identität und wird mit dem Rind, dem Grillen und mit Mate Tee assoziiert, obwohl letzterer der indigenen Guaraní Tradition entstammt. Die literarische Bewegung des Criollismo, die sich auf der Gaucho Tradition begründet, etablierte sich im 19. Jahrhundert und zu Beginn des 20. Jahrhunderts und prägte die nationale Identität. Zentral war die kreolische Abstammung des Gaucho. Heutzutage ist anerkannt, dass es auch afrikanischstämmige und indigene Gauchos gab. Der Geschichtsunterricht nach dem Ceibal Plan, der erfolgreich die Digitalisierung des Unterrichts verfolgt, berücksichtigt die multikulturelle Identität des Gaucho: www.rea.ceibal.edu.uy/El-gaucho-protagonista-de-la-campana-oriental (letzter Zugriff am 18.03.2018).
[2] Das Salsipuedes Massaker fand am 11. April 1831 statt. Der Widerstand der Charrúa wurde vom jungen Nationalstaat gebrochen und das Ereignis gilt heute als ikonischer Moment der Auslöschung der Charrúa.
[3] Seit Gründung Uruguays teilte sich seine Bevölkerung in die Partei der Colorados und der Blancos. Die Colorados vertraten liberale bürgerliche Interessen und waren auf eine starke Europäisierung ausgerichtet, während die Blancos mit dem ländlichen Raum, vor allem mit den Interessen von Großgrundbesitzern verbunden waren. Die letzte Auseinandersetzung zwischen ihnen kulminierte mit dem Bürgerkrieg 1904 im Sieg der Colorados gegen die Revolutionären um Aparicio Saravia und der Konsolidierung von José Batlle y Ordoñez‘ Macht.
[4] Carlos Demasi, “Entre la rutina y la urgencia. La enseñanza de la dictadura en Uruguay,” in Educación y memoria. La escuela elabora el pasado, edited by Elizabeth Jelin and Federico Lorenz (Madrid/Buenos Aires, Siglo XXI de Argentina/Siglo XXI editores España, 2004) 131–162.
[5] Uruguay besiegelte seine Politik des Vergessens im Jahr 1989, als mit einer Volksabstimmung entschieden wurde, die Verbrechen gegen die Menschheit der 1973-1985 Diktatur vor Gericht zu bringen.
[6] Federico Alvez Cavanna and Luis Fernando Cerri, “Enseñanza de historia reciente en Uruguay: pasado y laicidad en el juego de la identidad,” Archivos de Ciencias de la Educación (4a. época) 3, no. 3 (2009): 99-112. www.fuentesmemoria.fahce.unlp.edu.ar (Letzter Zugriff am 18.03.2018).
[7] Artikel 8 des 19.122 Gesetztes von 2016 besagt: “Es ist von allgemeinem Interesse, dass in den Lehrplänen sowie in der Lehrerausbildung das Erbe afrikanischstämmiger Gruppen, ihre Teilhabe an und ihr Beitrag zur Entwicklung der kulturellen Identität der Nation, ihr Engagement in ihre unterschiedlichen Ausdrucksformen (Kunst, Philosophie, Religion, Wissen, Bräuche, Traditionen und Werte), ebenso wie ihre Versklavung, Unterdrückung und Stigmatisierung in der Vergangenheit thematisiert werden und die jeweilige nationale Forschung unterstützt wird.” www.legislativo.parlamento.gub.uy (Letzter Zugriff am 18.03.2018).
[8] Der Völkermord an den Charrúa und die Rolle der Menschen afrikanischer Abstammung in der Kultur Uruguays: www.findesemana.ladiaria.com.uy (Letzter Zugriff am 18.03.2018).

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Abbildungsnachweis

Cordúa en Salsipuedes (2006) © Anhelo Hernández, Foto von Sebastián Plá, 2018.

Übersetzung

Maria Albers (maria.albers /at/ hotmail.de)

Empfohlene Zitierweise

Plá, Sebastián: Widerstand gegen die Nationalgeschichte Uruguays. In: Public History Weekly 6 (2018) 15, DOI: dx.doi.org/10.1515/phw-2018-11775.

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DOI: dx.doi.org/10.1515/phw-2018-11775

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    Agradecemos esta excelente nota sobre la construcción identitaria del Uruguay. Uruguay es un país que se presenta al mundo como la promesa latinoamericana de Desarrollo. Como ejemplo latinoamericano por excelencia. Se presenta como un país liberal y progresista. Donde las libertades democráticas son plenas.

    Sin embargo es un país con rasgos profundamente conservadores y racistas. Uruguay acepta cualquier libertad democrática que no cuestione las estructuras del sistema. De ahí que legalizo el matrimonio igualitario, el aborto y la legalización de la marihuana. Sin embargo los indígenas no somos reconocidos. La situación económica afro-descendiente no han cambiado para nada. Y las tierras del país están en manos de la vieja oligarquía terrateniente y de multinacionales. Además se ha indultado a los militares fascistas de la ultima Dictadura. Un país que perdona y acepta a los genocidas con tal de tener consensos políticos.

    Los dos argumentos principales por lo cual el gobierno no ratifica al Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas. Es por un lado que se reconozca que el Estado desarrollo una política de genocidio, silenciamiento y negación históricos hacía nuestro pueblo. Algo que va en contra de la imagen auto-indulgente que se tiene de si mismo. Y por otro lado el reconocimiento de los derechos territoriales. Que se cuestiones el origen del Estado y de la propiedad privada es un tabu. Y más con el tema de los terratenientes. Quienes se beneficiaron del despojo a nuestro abuelos. Y el gobierno prefiere acatar a los terratenientes que a nosotros.

    Por eso agradecemos que se difunda sobre la otra cara de la Modernidad del Uruguay. Para los que estamos en la zona oscura de la Modernidad es muy difícil hacernos escuchar. Más cuando se tiene al Uruguay como ejemplo Latinoamericano. Y especialmente en un medio como este que es internacional. No siempre podemos difundir a nivel internacional sobre nuestra situación. A pesar de que Uruguay se presenta como país con alto PIB la realidad es que la mayoría de los charrúas somos de clase trabajadora. Por lo cual no podemos viajar a espacios internacionales a difundir nuestra causa. Nos es muy difícil poder llegar a espacios como la ONU.

    Así que desde ya muchas gracias.

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